viernes, 7 de octubre de 2011

Reflexión


Cuento de reflexión: El pulmón del mundo
  Un día sábado como era costumbre, me alisté para salir a cortar árboles, llevando mi moto sierra y mi machete; partí entre el resplandor de la mañana hacia el inmenso bosque amazónico.
Al llegar, busqué uno de los mejores árboles para derribarlo, cuando por fin encontré al indicado, me puse muy feliz; aquel árbol era extraordinariamente bello y el más grande entre todos; fue mi reto derribarlo y hacer de él una gran casa; que fuese la envidia de quien lo mirase.el pulmón del mundo
Cogí mi moto sierra y empecé mi arduo trabajo; fue cuando escuché una voz que me suplicaba pidiéndome que no la cortará; me detuve a mirar a mi alrededor, sin encontrar persona alguna.
Aquella voz rondaba en mi mente, causando  un sentimiento de culpa por el oficio que tenía.  Entonces me senté bajo la sombra del árbol y dije: -¿De qué puedo ser culpable?
…Mientras me lo preguntaba; cayó sobre mí una fruta grande y muy apetitosa, lo tomé y calmó mi sed.
Me seguí preguntando… ¿De qué puedo ser culpable?, ¿Quién me pidió que no le cortara?  Estuve largo tiempo así haciéndome estas preguntas.  Al pararme, mire el tronco del árbol y aquellas hojas que me brindaban sombra; fue cuando reflexioné y dije: ¡oh no!, es cierto soy culpable, ahora sé porque he estado escuchando esta voz que tantas súplicas me hacía, que inconsciente he sido todo este tiempo; he cortado muchos árboles, sin darme cuenta que eran  tan valiosos como los seres humanos, ya que, gracias a ellos respiramos aire puro, nos brindan sombra y sus frutos.
Aquel momento, se me caía la cara de vergüenza; estaba muy apenado por todo el daño que causé; pedí perdón a la madre tierra y a toda la naturaleza que se nos fue concedida, desde entonces prometí que jamás  volvería a dañar los árboles.
Fue así como aprendí a amar a la naturaleza y a cuidar el medio ambiente. Fin.
“Los árboles son el pulmón del mundo ¡cuidémoslo!”

Reflexión

 Los graves problemas ecológicos de nuestro tiempo, exigen un cambio de mentalidad que conlleva necesariamente nuevos estilos de vida más solidarios para que el desarrollo sea sostenible.

VER

Vivimos en una sociedad minoritaria muy rica, que cree que la felicidad está en consumir, frente a el resto de los habitantes del planeta. Desde esta parcela de la sociedad, se nos transmite que es preciso consumir para que la economía funcione, y que de lo contrario se está fuera del sistema.

Por otro lado, se levantan voces diciendo que esta forma de consumo es insostenible y que de seguir así el planeta está gravemente amenazado, porque nuestro actual sistema es depredador con el medio ambiente.

Un poco de historia. Primeras voces oficiales:

• En 1972 en el Club de Roma se habló de la necesidad de controlar el creciente consumo que acarreaba un grave deterioro del medioambiente.

Ese mismo año, en la Primera Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano se afirmó: “Los recursos naturales de la tierra, deben preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras.”

• En 1987 En el documento “Nuestro futuro común“ aparece por primera vez de forma oficial el termino “desarrollo sostenible” definiéndolo como “el desarrollo que da respuesta a las necesidades presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para resolver sus propias necesidades”. También decía: “para llegar a este desarrollo es necesario un cambio tecnológico y social”.

• En 1.992 se celebra la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medioambiente y Desarrollo, en Río. En esta Conferencia, se vio la fuerte relación entre el deterioro del medio ambiente y las desigualdades entre Norte y Sur, y la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo sostenible. En esta Cumbre también se define la guerra como una gran enemiga del desarrollo y un peligro para el medio ambiente.

• En 1.997, se firma el protocolo de Kyoto con el fin de regular las emisiones de gases que aumentan el efecto invernadero, responsable de sequías, desertizaciones y catástrofes, que afecta más a los más pobres.


A partir de estas fechas hasta nuestros días, se han ido multiplicando los encuentros a todos los niveles, para abordar el grave problema que la explotación indiscriminada de los recursos está ocasionando en el planeta.


El deterioro del medio ambiente producen, entre otras, las siguientes consecuencias:

o Destrucción de la capa de ozono. Aumento del efecto invernadero. Cambio climático
o Contaminación del mar por vertidos realizados: desde tierra y desde buques, radiactivos
o Deforestaciones indiscriminadas y masivas que tiene como consecuencias la desertización, entre otras.
o Escasez de agua potable y de riego, lo que provoca hambruna, epidemias y muerte.
o Las desigualdades entre los grupos humanos.


Lo que llamamos “desarrollo”, no se produce de una forma equilibrada. Mientras que más del 80% de la población mundial no dispone de casi nada, menos del 20% de la población total consume la mayoría de los recursos en las siguientes proporciones:

- el 70% de la energía.
- el 75% de los metales.
- el 60% de los alimentos.
- el 85 % de la madera.


El dato más escandaloso es que la mayoría de los recursos proceden precisamente de los países empobrecidos. La mayor parte del petróleo, de los metales, de la madera, de los monocultivos..... se encuentran en los países pobres. Estos productos se comercializan al precio que establecen las Multinacionales, mientras que ellos se ven obligados a importar las maquinarias, tecnología etc. al precio del mercado en los países ricos. De esta forma la deuda aumenta constantemente y asfixia toda posibilidad de sanear la economía, viviéndose como un auténtico drama la supervivencia y empujando a los más fuertes a buscar en la inmigración una salida para un futuro más digno.





JUZGAR

El Dios de la vida encomendó al ser humano su obra creadora para que “la cultivara y la guardara” (Gn 2, 15). Jesús conocía bien la preocupación del Padre por las criaturas que Él alimenta (cf. Lc 12, 24) y embellece (cf. 12, 28). Y mientras andaba por los caminos de su tierra no sólo se detenía a contemplar la hermosura de la naturaleza, sino que invitaba a sus discípulos a reconocer el mensaje escondido en las cosas (cf. Lc 12, 24-27; Jn4, 35)

La tendencia a la explotación indiscriminada de los recursos de la naturaleza y los abusos de los mismos, es fruto de una actitud de pecado en la que prevalece el “hacer” y “tener” sobre el “ser”. Desde esta actitud el hombre no solo destruye la naturaleza, sino que camina hacia su propia destrucción.


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